Este clima me va a matar
Por Jorge Alcalde
![]() | Recibo alarmado una comunicación de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica: "La exposición ambiental podría causar hasta 16.000 muertes anuales prematuras por cáncer de pulmón". Es para tenerlo en cuenta. Sigo leyendo el subtítulo: "El calentamiento del planeta, debido a la disminución de la capa de ozono, aumenta la emisión de gas radón causante del cáncer". Ahora me quedo más tranquilo: es culpa del cambio climático. |
Parece increíble que una asociación de prestigio científico se permita el lujo de emitir notas de prensa en las que brillan tanto por su ausencia la parsimonia, la ponderación y el rigor.
Vayamos por partes. Acudir al cambio climático como agente causal de una enfermedad tan concreta supondría, para empezar, un avance científico sin precedentes. Estaríamos ante la confirmación de un efecto local provocado por un fenómeno global que tiene lugar a escalas espacio-temporales inmensas. En bruto, sería como pretender observar la evolución de la especie en el comportamiento de una sola generación de niños, algo que ni siquiera el IPCC se ha atrevido a hacer. En el caso de que realmente se hubiera establecido un conexión directa entre el cambio climático y el aumento de enfermedades respiratorias, mayor disparate aún resulta atribuir este cambio a "la disminución de la capa de ozono".
Recordarán los lectores que la preocupación por el debilitamiento de la capa de ozono fue un asunto muy en boga entre los activistas del ecologismo durante los años 80 y parte de los 90. Hoy casi se ha olvidado el tema, que ha sucumbido al envite mediático de la alarma sobre el clima. De hecho, es significativo que el último informe del IPCC pase de puntillas sobre el caso del ozono, y hay que remontarse hasta 2005 para leer un informe oficial al respecto.
En la actualidad no existe razón científica alguna para relacionar la disminución de la capa de ozono con el supuesto calentamiento del clima de origen antropogénico. De hecho, el debilitamiento de la capa de ozono sobre la Antártida (el célebre agujero) ha tenido un efecto muy distinto a nivel regional. Según han demostrado imágenes tomadas con sensores de la NASA, la "piel" de la Antártida, es decir, los primeros milímetros de profundidad de la banquisa, se está enfriando, y llegó a mínimos históricos hace un par de años... precisamente en el lugar que debería haberse visto más afectado por el debilitamiento de la capa de ozono.
¿A qué se debe tamaña confusión científica en el órgano que representa a los neumólogos? ¿Confundieron los responsables de la nota de prensa la capa de ozono troposférico que nos protege de las radiaciones solares con el ozono atmosférico? Este segundo sí que está relacionado directamente con la contaminación industrial y motora, aumenta (no disminuye) en periodos de mayor radiación solar y calor y sí tiene una incidencia demostrada en algunos trastornos respiratorios. ¿Se trata de un error garrafal o hay algo más?
El experto en comportamientos de masas Bob Prechter ha explicado recientemente que "el ambiente social que envuelve al tema del cambio climático presenta una evidente sintomatología de gregarismo". "El fenómeno ha alcanzado unas altas dosis de espectacularidad y, como en otras tendencias sociales pasadas, la espectacularidad conduce a la extrapolación exagerada". Hoy, cada declaración sobre la salud, el medio ambiente y la economía ha de incluir alguna referencia, siquiera de pasada, al cambio climático. Probablemente porque de ese modo tendrá más probabilidades de ser escuchada.
Bjorn Lomborg lo ha denunciado: "La investigación suele ser un sistema que se alimenta a sí mismo. Si un científico propone un estudio que conduce a la conclusión de que no hay problema alguno que arreglar, lo más probable es que la sociedad no le permita seguir investigando en ese área, por considerarlo inútil. Por el contrario, si detecta algún problema grave, pronto encontrará el estímulo para que siga trabajando en su solución". Y el problema de moda, el que más dinero mueve, el que mejor garantiza la financiación de los proyectos de investigación, el que más probabilidades tiene de ser acogido en los medios, el que más asusta y con mayor calado profundizará en las conciencias de los receptores del mensaje es el cambio climático. Por eso hay que incluirlo en el ideario de cualquier institución que pretenda hacer llegar un mensaje al gran público.
La histeria puede llegar a extremos cómicos. Joseph Romm, miembro de la Administración Clinton y actual asesor de American Progress (el think tank virtual liderado por el ex presidente demócrata), aseguró el pasado 5 de agosto que el cambio climático había desempeñado un papel determinante en el hundimiento del puente de Minneapolis que causó varios muertos. "Al principio no me lo creía –dijo–, pero después de hacer algunas averiguaciones en Google (sic) pensé que es legítimo opinar que el cambio climático es responsable de esta desgracia".
El político se preguntaba si el puente había sido realmente diseñado para soportar las altas temperaturas que azotaron Minneapolis durante los dos veranos anteriores. "Las personas que hoy niegan esta posibilidad –advirtió Romm– son las mismas que constantemente niegan que el cambio climático tenga un origen antropogénico. Pero mi experiencia me dice que esa gente, en realidad, no está interesada en conocer las causas reales de la tragedia".



El calentamiento global de origen antropogénico es una hipótesis científica, no un dogma religioso o ideológico. El escepticismo y la duda son algo completamente apropiado en el reino de la ciencia, en el cual la verdad se determina por las pruebas, la experimentación y la observación, no mediante el consenso o la revelación divina. Aún así, en lo que respecta a la teoría oficial del calentamiento global, la disidencia es tratada como una herejía, como una creencia perniciosa cuyos partidarios deben ser avergonzados, rechazados o silenciados.
Si hay algo en lo que los cruzados del cambio climático son inflexibles es en que el debate científico está zanjado. Que los gases de efecto invernadero emitidos con la actividad humana están provocando que el planeta se caliente peligrosamente es un hecho establecido, aseguran; sólo un charlatán podría afirmar lo contrario. En palabras de Al Gore, el principal apóstol del calentamiento global de Estados Unidos: "No hay debate. Hacemos frente a una emergencia planetaria. (...) Entre personas serias que han examinado las pruebas ya no hay más debate científico."
En el 2003, los científicos medioambientales Dennis Bray y John von Storch encuestaron a 530 de sus colegas en 27 países sobre temas relacionados con el calentamiento global. Una pregunta planteada: "¿En qué medida está usted de acuerdo o en desacuerdo con que el cambio climático es sobre todo resultado de causas antropogénicas?" En una escala de 1 (completamente de acuerdo) a 7 (completamente en desacuerdo), la nota media era de 3,62, lo que refleja que no hay un consenso claro.

Con estas premisas, los datos obtenidos han sido apabullantes. Para conseguir que el 10% de los combustibles consumidos fuera ecológico, sería necesario utilizar el 38% de la tierra de cultivo en Europa y el 43% en Estados Unidos exclusivamente para la producción de "gasolina". Dado que este modesto objetivo del 10% no puede ser asumido con las existencias actuales de tierra de cultivo (imagínense emplear de más de un tercio del maíz, la remolacha o el trigo de un país para quemarlo en los motores de los coches), sería imprescindible deforestar grandes extensiones de bosque y convertirlas en fincas de producción de combustible.

Pero vamos al caso. Para buscar la causa de un hecho, es preciso estar seguros antes de que existe, o de que es cierto; y en este supuesto preguntamos: ¿Es positivo que los grandes accidentes meteorológicos, llámeseles ciclones, galernas, temporales o como se quiera, que producen rápidas variaciones en la temperatura, se verifican hoy con caracteres más excepcionales y hasta con más frecuencia que en ningún otro tiempo? Discurramos un poco sobre esta pregunta, no sea que preocupados con la malhadada idea del desquiciamiento de la humanidad, vayamos a generalizarla y de hecho la hayamos generalizado a las regiones celestes. Contestando fría e imparcialmente a esta pregunta (...) podemos asegurar, que lo que sucede hoy en los espacios atmosféricos ha sucedido siempre, y nada hay en ello de anómalo, singular y extraordinario, como se quiere suponer; y que la ley que rige y determina el movimiento de las masas gaseosas que nos envuelve es más estable y permanente, que la que rige y determina las instituciones que dependen de la voluntad del hombre. ¿Qué sucede hoy en la atmósfera que no haya sucedido siempre? Se contestará que en medio del verano suele experimentarse una temperatura relativamente fresca, y en los meses críticos del invierno han hecho días primaverales; que los ciclones producen hoy cataclismos y destrozos más considerables que otras veces; que las inundaciones son más frecuentes y terribles que nunca, las tormentas más asoladoras, el frío cada vez más intenso, el calor cada verano más insoportable (...); es decir, la máquina del mundo se ha trastornado y amenaza el día menos pensado [con] dar un estallido. ¡Tanto se ha exagerado sobre el particular! (...)